Cuatro ideas erradas sobre la colonización de América

La reinterpretación de la historia vive momentos estelares. Poco rigor en el análisis facilita a políticos y movimientos sociales hacer campaña en base a algo que no sucedió.

Recuerdo ver estatuas caer, la primera la de Saddam Hussein poco después que Estados Unidos tomara Bagdad, como remedio a la sospecha de presencia de armas de destrucción masiva, lo que hoy día sabemos que era falso. A veces solo eso es lo que se necesita, un alegato sin fundamento para derrumbarlo todo.

Toda estatua que cae supone el renacer de algo, el desprecio al líder o la idea que alguna vez los unió. Fue así como figuras de Stalin, Lenin y el Shah fueron expulsados de sus pedestales. Era momento de dejar de ver esas caras en su camino al trabajo, quitarlos de las calles que alguna vez los aclamaron.

En años recientes, quienes han sentido el peso de la venganza y de la justicia de las masas han sido figuras de Colón, de Cervantes o Fray Junípero, todos ellos representantes del proceso de colonización que durante tres siglos tuvo lugar en la América descubierta.

Pero, ¿quiénes eran aquellos que protestaban?¿Acaso descendientes de los mayas, mapuches o chibchas? Pues no. Una masa cosmopolita, criada en el periodo que Frances Fukuyama llamó ‘el fin de la historia’ posterior a la desaparición de la Unión Soviética. Personas que han vivido la etapa más cómoda y menos conflictiva de la historia.

He aquí cuatro ideas que capaz ellos aún no conozcan, y que puede que eviten que más estatuas sean vandalizadas debido a las mentiras.

1. La conquista fue un proceso particularmente violento

Yuval Noah Harari en su libro Sapiens dice: “La tolerancia no es una marca de fábrica de los sapiens”, y es que se presume casi con total certeza que los sapiens acabaron con los neanderthals, sacándolos del juego evolutivo, miles de años antes que conquistar nuevos territorios estuviese en la agenda de pueblo alguno.

Atila, Genghis Khan o Alejandro Magno hicieron de la invasión un deporte, eficaces y crueles a partes iguales. Era la fuente de recursos para mantenerse a ellos y a sus congéneres. La muerte iba implícita, cuando era posible salir con vida era a cambio de esclavitud o una vida de tributos, lo que sin eufemismos era considerado un final afortunado.

Entonces, ¿por qué poner los focos directamente a la conquista española de América?

El proceso de colonización se lleva a cabo a través de la figura de las ‘encomiendas’, permiso otorgado por el monarca para que un explorador se aventure a descubrir lo que el nuevo territorio le depara. Al encomendero el rey le cede el trabajo de los que en forma de tributo debían pagar por su evangelización.

Así, sin más información es un expolio, una esclavitud disimulada sin derecho a queja. Pero, al igual que en la Edad Media, había los señores feudales tiranos y los había humanos, de aquellos cuyos vasallos estaban dispuestos a dar su vida por su señor. En el caso de la colonia sucedía lo mismo, hubo poblaciones indígenas que voluntariamente se acogieron al sistema de la encomienda y entrablaron relaciones productivas con el encomendero. Les fueron asignadas tierras, se veló por su alimentación, prosperando unos y otros.

Uno de los ejemplos más conocidos es del Juan de Ampíes, fundador de Coro en 1527:

“[Ampíes] ”había hecho los más extraordinario: crear Coro, por vía de paz, con la singularidad histórica de una convivencia pactada; con la formalidad no repetida de su carácter mixto. Donde, en suma, no habría conquistados ni conquistadores. Donde todo había de nacer de la amistad y la confianza. La semilla sembrada entonces no podría ser ya arrancada, porque sus raíces habrían de ser hondas”

Fuente: Demetrio Ramos Pérez, La fundación de Venezuela. Ampiés y Coro una singularidad histórica.

Bartolomé de las Casas documenta en su libro Brevísima relación de la destrucción de las Indias expone los horrores sufridos por los nativos en los primeros años a manos de los recién llegados de la península.

Tal escrito tuvo amplia resonacia en las Cortes, un español monje dominico lanzando piedras al tejado de su misma gente. Recibió respuesta oportuna el mismo año 1542 con la creación de las Leyes Nuevas por parte de Carlos V. Si bien no eran de total agrado para De las Casas, era un paso en dirección al respeto de los nativos.

Con anterioridad ya en 1537 se había emitido la bula papal ‘Sublimis Deus’ en la cual los nativos considerados individuos de pleno derecho. Esto hace 484 años.

¿Hubo atrocidades en el proceso? Sí. ¿Se justifican estas atrocidades? A la vista de hoy en día, no. En aquel momento, la grandísima diversidad de tanto conquistadores — hombres curtidos por las guerras en la península, exupulsando al invasor árabe— y de los conquistados — pueblos repartidos en gigantescas áreas en las que era escaso el contacto con la adversidad — , hacían que dos formas de ver la vida generasen pugnas en la adaptación del uno al otro.

El destino no fue más benévolo con aquellos que se adentraron a explorar tierra firme. Los Jirajaras resistieron más de cien años después de su primer contacto con los recién llegados. Fue un periodo en el cual miles de personas cayeron asesinadas en ataques relámpago cuidadosamente diseñadas por los nativos, al mejor estilo guerra de guerrillas, utilizando flechas, piedras e incluso armas obtenidas de otros asaltos.

Para tomar Chile el Imperio español hubo de perder antes de ganar, en palabras de el Emperador Carlos V “la conquista de Chile se ha llevado mis mejores soldados”. Los mapuches no actuaron como simpáticos niños andinos esperando la llegada de un nuevo líder.

Si precisamente medio millar de españoles lograron abrirse paso por un territorio ocupado por millones de personas fue porque muchos pueblos estaban hartos del régimen sangriento impuesto por la Triple Alianza (Texcoco, Tlacopan y México-Tenochtitlan). Cortés firmó una serie de alianzas con estos pueblos descontentos y encabezó una suerte de revolución para derrocar a este totalitarismo sangriento

Fuente: Manuel P. Villatoro, Canibalismo, sacrificios y totalitarismo: la verdad sobre el Imperio azteca que se encontró Hernán Cortés

Esto confirma que la violencia, es parte natural de los procesos de invasión y apropiación de territorios, una forma de medir el poder relativo de las fuerzas en pugna, pero no especialmente identificada con una de ellas sino, con ambas.

La idea románica de Rosseau en la que vendía la inocencia de los nativos, tesis por la cual, todo humano nace puro y es la sociedad quien lo pervierte, llevándole a ser un ser ruin y despreciable queda de plano refutada. Es incluso, hasta arrogante. ¿Es que acaso quienes critican el resultado del choque de civilizaciones piensan que una de ellas era absolutamente tierna y dócil?, una especie de sociedad de la buena voluntad.

2. Las enfermedades llegaron con los españoles

Si hablamos de enfrentar diferentes patógenos según quien los trajo al lugar sin duda los que llegaron con los europeos ganaron la partida, la viruela fue la más efectiva campaña militar.

“Según un estimado de la evolución demográfica en América Central, en el siglo que siguió a la conquista, la población de 25 millones de habitantes se redujo a menos de 1 millón en tan solo 100 años”

Fuente: Alfredo Morabia, Pasado, presente y futuro de la epidemiología. Una perspectiva latinoamericana.

No obstante, también hay evidencias que tanto españoles como nativos vivieron grandes episodios de contagio en otras épocas y ocasionadas por otros vectores.

Con respecto a los nativos, en el texto Las enfermedades del hombre americano se menciona:

“El estudio de los factores ambientales, alimentos, vectores y agentes infecciosos en la América precolombina, indican que el hombre americano estuvo expuesto a diversas causas de enfermedad, peculiares a su medio.

Se ha confirmado además que la parasitación por mosquitos, moscas, lebotomos, simúlidos, tábanos, chinches, triatomas, pulgas, piojos, ácaros, demodex y garrapatas servían de vectores de enfermedades infectocontagiosas de elevada morbilidad y mortalidad que en algunos casos tenían carácter endémico y en otros epidémico. Varios de estos parásitos por sí, eran capaces de producir molestas enfermedades en el hombre”

Fuente: F. Guerra y Ma. Ca. Sánchez Téllez, Las enfermedades del hombre americano, Universidad de Alcalá de Henares.

Por lo cual, se rebate el pensamiento que el hombre precolombino estaba exento de enfermarse y que la única causa de sus padecimientos llegó en los barcos de la flota española.

Para los españoles, hay referencias en libro Epidemiología Española de J. Villalba (1803), en las que ya para el año 741 había viruela en Andalucía introducida por los árabes.

Las epidemias son inherentes al humano, gérmenes, bacterias y virus viajan en barcos, carretas o a pie, pasajeros silencioso del que nadie se puede deshacer y nadie puede culpar a quien lo transporta.

La gran diferencia se estima fue la costumbre europea de convivir junto a los animales de cría, facilitando la transmisión de virus zoonóticos desconocidos por los pueblos amerindios que en su mayoría vivían de la agricultura y no de la cría de animales.

3. Rechazo a los conquistadores

No sólo Pizarro se encontró con pueblos enfrentados, dispuestos a aliarse con el recién llegado a cambio de quitarse a su enemigo tradicional, con el que había combatido décadas, sino siglos.

En la naciente Estados Unidos, las trece colonias definían su identidad, entre 1689 y 1763 se produjeron las guerras anglofrancesas, en la cuales los bandos contaron con apoyo de los nativos, profesándose incluso más animadversión y virulencia que con aquellos que habían invadido sus tierras.

“Durante todo este período los ingleses mantuvieron una firme alianza con los iroqueses, y los franceses con los algonquinos y los hurones, por lo que los conflictos europeos se extendieron a unas guerras vicarias entre estos sustitutos”

Fuente: Philip Jenkins, Breve Historia de los Estados Unidos.

Historias así se repetían, José Tomás Boves, cruel guerrero asturiano que acabó con la Segunda República venezolana en 1813 contaba en sus filas con una mayoría de pardos, mestizos e indios. Su lugarteniente, de igual calidad humana profesaba más odio hacia los criollos, los blancos nacidos en América que hacia aquellos de la península, que en el papel habían sometido a los pueblos originarios por más de trescientos años.

“Resentimiento, venganza, odios profundos fueron las pasiones que impulsaron al parecer a los pardos, negros e indios a incursionar en una guerra violenta ente 1812–1814 contra los designios mantuanos. Esta guerra civil que enfrenta a dos sectores sociales no buscaba establecer las ideas de libertad, ni desvincular al ahora territorio venezolano del “yugo español” como lo ha enseñado la historiografia patria. En un principio, los mantuanos no tenían como meta romper los lazos con la Corona, mas bien su objetivo era reafirmarlos y mantener el orden tradicional de la sociedad.”

Fuente: Jaika Tejada Soria, Pulperos Pardos e Independencia en Venezuela. 1812–1814

Habrá quien diga que el dinero y el sistema de caudillos imperante llevaba a los indios a plegarse a la opción de su conveniencia. No es algo que se pueda descartar pero, choca con el argumento único del enfrentamiento de locales contra el opresor colonial, máxime cuando la independencia de la mayoría de la América hispana no resultó en ningún beneficio para ellos. Al contrario, profundizó la política de los micro-poderes regionales sin control imposibles de existir bajo un sistema monárquico.

4. Los nacidos en América eran distintos a los de la península

Nacer en el nuevo mundo no significaba tener un sentimiento de solidaridad automática entre los diferentes grupos que hacían vida en la colonia.

Desde el descubrimiento de tierra firme hasta los procesos de independencia no hubo una conciencia unificada de nacionales y extranjeros. Bajo el gobierno de los Austria no hubo separación entre los territorios del Imperio, todas ellos contaban con instituciones capaces de administrar justicia, dirimir conflictos y administrar la cosa pública. Daba lo mismo explotar una mina en Sevilla, España que una en Potosí, Virreinato del Perú.

Internamente, en lo social no existía cohesión, llevando a los criollos o creoles (blancos nacidos en América) a mantener las relaciones de dominación en cuanto consideraban que mezclarse con otras razas era una amenaza para su subsistencia y la del país. Según la historiadora Frédérique Langue de 104 dispensas y licencias de matrimonio solicitadas entre los años de 1636 a 1815 en la Provincia de Caracas, una inmensa mayoría — 100 de ellas — se fundaron en la existencia de parentescos, efectivos o espirituales, entre los contrayentes, siendo predominante la primera condición. Igualmente expone que un 75% de las solicitudes fueron presentadas después de 1750 y argumenta que ello se debe a que, a partir de esa época,

“los problemas económicos que lleva consigo la sucesión de las generaciones, y la casi ineludible división de los patrimonios familiares se vuelven más acuciantes”

El Cabildo de Caracas emite la siguiente opinión respecto a los pardos en carta dirigida al Consejo de Indias:

“En ellos no hay honor que los contenga, reputación que los estimule, vergüenza que los obligue, estimacion que los ponga en razón, ni virtudes que los haga vivir conforme a las Leyes de la Justicia. Su profesion es la embriaguez, su aplicación es el Robo, su desquite la traicion, su descanso la ociosidad, su trabajo la olgazaneria, su Estudio la incontinencia y su intento todo sacudir el yugo de la sujeción. No sienten la desnudez, la mala cama, la corta razón y ni aun el castigo como se les deje vivir asu ensanche, anegados en vicios y principalmente en sus torpezas carnales, todas sus conmociones dimanan de la subordinacion que es la que les amarga y la que los precipita enlas mayores crueldades y en los mas execrables pecados”.

Fuente: AGI, Indiferente General, 802, f. 21–22. Informe del síndico procurador del Cabildo de Caracas, 9 de noviembre de 1789.

Preferían por tanto la endogamia al riesgo de perder sus patrimonios. No se encuentran evidencias que hubiese durante trescientos años un trato mejor de los blancos nacidos en las colonias hacia mestizos, indios o negros que aquel que recibieron de los conquistadores.

Ni siquiera el americano universal se salvaría de ser sojuzgado por ser hijo de un canario e nombre Sebastián de Miranda, que se dedicaba al comercio, actividad que era vista como viciosa y de baja naturaleza por parte de las clases acomodadas.

En 1769, por ejemplo, rechazaron la aceptación de Sebastián Miranda como oficial al batallón de blancos de la ciudad de Caracas. Todos, sin excepción, se negaron a formar parte del mismo cuerpo y descalificaron esa designación por ser un hombre de inferior calidad y conocido como “…mercader público y antes cajonero en esta ciudad donde fabrica y vende pan diariamente su mujer, persona de baxa esphera y donde no dejan de percibir nuestras oidas las voces demanadas de sus propios paisanos que hablan de el como el hijo de un barquero y como sujeto de dudosa limpieza”.

Fuente: Inés Quintero, Los Nobles de Caracas y la Independencia de Venezuela.

El historiador John Lynch escribe:

“durante siglo dieciocho en Venezuela no fue una colonia estable… la estructura social contenía una serie de elementos hostiles–mantuanos contra Canarios, blancos contra negros, venezolanos contra vascos– que creaban tensión y violencia”

Fuente: John Lynch, Inmigrantes Canarios en Venezuela (1700–1800): Entre las élites y las masas.

Lo que sumado a la pugna Canarios contra vascos, completa un cuadro en el cual había poca o ninguna colaboración estructurada en base a ser o no de la península, ser o no conquistado o conquistador. Esto es un hecho que se repite desde el siglo dieciseis y que ni por asomo incluyó los temas que hoy día se asegura promovían la exclusión de los nativos por parte de España y sus instituciones.

Conclusión:

Todo proceso de choque de culturas tendrá consecuencias desiguales, la colonización o conquista de América no es una excepción. España accedió a una tierra poblada por culturas muy diferentes a las que habían estado en contacto en Europa, carecían de esa preparación militar que desde los romanos había sido clave para el ataque y defensa de territorios. No tenían un ánimo de lucro arraigado, la cultura del excedente no estaba arraigada y el intercambio era limitado.

Esto no quiere decir que las sociedades precolombinas eran tontas o indefensas. Algunas de ellas resistieron ferozmente a la invasión de sus tierras, no contando que la biología sería un enemigo más potente que las bayonetas o la pólvora. La dominación de millones de personas fue más un tema sanitario que la capacidad de cientos de peninsulares ejerciendo una inteligencia superior.

Dicho en términos astrológicos, los planetas se alinearon para que así fuera.
A la corona tampoco le servía un continente desolado, necesitaba súbditos que mantuvieran cortes, campañas guerreristas y una burocracia engrasada. Pero, esto no debe entenderse como algo negativo, era la costumbre entre todas y cada una de las monarquías del continente.

¿Alguien cree que si el contacto hubiese sido de forma contraria, no hubiese sucedido lo mismo o peor? Miles de indígenas se hubiesen preparado para tomar Europa después que uno de ellos hubiese tocado tierra en Andalucía. ¿Es que acaso vándalos, hunos, sarracenos o eslavos se amilanaban ante las imponentes estructuras góticas o victorianas? No, por el contrario, soñaban con plantar su bandera en ellas.

Acá no se trata de justificar o blanquear el las acciones del pasado. Se trata de demostrar que en casi todos los escenarios reales e imaginarios, lo que nos mueve es la naturaleza humana, eso que llevamos dentro que requiere un control externo, una fiscalización activa y permanente porque sino se convierte en abuso. No hay evidencia que los criollos o creoles hayan sentido un apego mayor a esclavos o indios, o que estos a su vez los sintieran compatriotas.

Lo que sí es cierto es que bajo la estructura colonial la figura de la encomienda se cometieron abusos, algunos de ellos documentados, la mayoría no. Pero, a su vez es cierto que las instituciones castigaron oportunamente a quienes se excedían en sus atribcuciones, que la iglesia estaba presenten en la mayoría de las expediciones, caseríos, pueblos y ciudades, haciendo cumplir las normas recibidas desde la península y el Vaticano.

Tal como sucedió en las plantaciones de algodón norteamericanas, su separación de la corona inglesa no mejoró la condición de los negros esclavos ni de los indios segregados. En el caso de la América hispánica, los caudillos y oligarquías regionales mantuvieron el poder en sus recién liberados territorios, ahora sin supervisión ni autoridad a la cual obedecer. Perpetuando condiciones de desigualdad que se mantienen hasta el día de hoy y ya no es culpa de ningún rey o imperio opresor.

Juan Carlos Golindano
Email: jc@golindano.pro / Tw: @jcgolindano

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